La estructura del panal
LAS abejas de la miel (Apis mellifera) construyen
sus panales con cera que producen en unas glándulas situadas en la parte
inferior del abdomen. Estos panales son considerados maravillas de la
ingeniería. ¿Por qué?
Piense en lo siguiente: Los paneles están formados por celdas
hexagonales. Por siglos, los matemáticos han sabido que no existe mejor
forma que el hexágono para aprovechar al máximo el espacio con el mínimo de
material, pero nunca habían podido decir por qué. No obstante,
en 1999, el profesor Thomas C. Hales demostró matemáticamente este hecho y
explicó las ventajas de lo que llamó la “conjetura del panal de abejas”.
A la abeja le gustan
las simetrías pentagonales, las hexagonales y las marcadamente radiales como
las de la margarita o el girasol. La visión del ojo de la abeja ha evolucionado
lo suficiente como para percibir estas formas significativas, porque en la
simetría está el sustento. Las abejas que son atraídas por las formas con un
cierto diseño son las que no pasarán hambre. Para la abeja, la supervivencia
del mejor adaptado significa hacerse una experta en simetría. La abeja que no
sepa leer los signos y las señales de sustento volará azarosamente por los
campos, incapaz de situarse al nivel de sus competidores superiores que sí
supieron localizar los diseños.
Paralelamente, como
la planta necesita asimismo atraer a la abeja hacia la flor para que la
polinice y así perpetuar su herencia genética, también ella interviene en este
diálogo natural. La flor que consigue una perfecta simetría atrae a más abejas
y sobrevive más tiempo en la batalla evolutiva. La simetría es, por tanto, el
lenguaje que utilizan la flor y la abeja para comunicarse entre sí.
La flor o el animal
con simetría están enviando una señal muy clara de la superioridad genética que
tiene sobre sus vecinos. Por eso el mundo animal está poblado de formas que
compiten por un equilibrio perfecto. Pero la simetría no es sólo un lenguaje
genético que proclama a los compañeros potenciales las bondades del ADN que uno
tiene. Concluida la búsqueda de néctar en flores simétricas, la simetría
también impregna la vida doméstica de la abeja. Las abejas jóvenes, al mismo
tiempo que se sacian con la miel recogida, van segregando trocitos de cera. La
concentración de abejas hace que la temperatura de la colmena se mantenga
aproximadamente a 35 ºC, lo que hace la cera suficientemente maleable como para
que pueda ser modelada por las abejas obreras, que recogen las secreciones de
cera y moldean las celdillas que las que se almacenará la miel. El retículo
hexagonal que las abejas usan para ello explota otra de las facetas de la
simetría.
La simetría no sólo es una precursora del significado y del
lenguaje, sino que es además el camino que sigue la naturaleza para resultar
más eficaz y económica. Para la abeja, el retículo de hexágonos permite a la
colonia maximizar su capacidad de almacenamiento de miel sin dejar de minimizar
el consumo de cera en la construcción de las paredes de las celdillas.
Gracias a las celdas
hexagonales, las abejas pueden aprovechar al máximo el espacio, producir un
panal ligero y resistente con muy poca cera, y almacenar la mayor cantidad
posible de miel. No extraña que muchos llamen al panal “una obra maestra
de la arquitectura”.
De hecho, los
investigadores ya están imitando el panal para producir estructuras resistentes
que aprovechen bien el espacio. Por ejemplo, los ingenieros aeronáuticos
utilizan paneles hexagonales para fabricar aviones más resistentes y ligeros
que consuman menos combustible.


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